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Artículo: Aprendiendo a vivir. El rol de la escuela

Valoración 
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Objetivos 
Reflexionar sobre la educación y el papel de la escuela en la actualidad.

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Resumen 
   Pregunté a mis hijos si es posible enseñar lo mismo a los dos, con diferencia de dos años entre ambos. Respondía la mayor de ocho años: "¡Hombre mamá! mi hermano es pequeño y no puede aprender las tablas de multiplicar". Seguí con mi razonamiento, añadiendo: si en casa aprendemos juntos lo mismo, ¿por qué no en la escuela?
 
Opinión 
Su respuesta indicaba claramente cuál es su percepción respecto a su tiempo en la escuela: aprender, o más bien, memorizar contenidos: sumas, multiplicaciones, divisiones. Parece que es esa la asociación directa y primera que hace cuando le cuestiono acerca de las actividades en la escuela o su objetivo percibido. Una segunda lectura de su respuesta es también que perciben que los únicos contenidos "relevantes" que merecen ser aprendidos o requieren cierta dificultad, son los matemáticos. Eso, claro está, una vez has alcanzado un nivel "mínimamente correcto y aceptable" de lectura y escritura. 
   
   Dentro del abanico de experiencias mías personales con la maternidad, o digamos con la parte de la maternidad que implica formar y educarse en familia, es cómo he dado la vuelta en mi percepción sobre el proceso de aprender y educar. Cuando como miembro adulto de una familia te implicas en el aprendizaje de los pequeños, te das cuenta de cómo ellos aprenden de lo que dices, de lo que haces, de sus experiencias contigo y emtre ellos; pero también hay un aspecto aún más relevante: cómo aprendo yo, como adulto, a partir de lo que les enseño a ellos, a partir de sus preguntas, de sus dudas e inquietudes. Entiendo y aprendo a leer en sus expresiones, verbales y corporales, si entienden, comprenden y comparten aquello que yo les cuento. Aprendo a mejorar mi capacidad de comunicación y expresión, aprendo a cuestionarme en privado y en equipo, junto con ellos, premisas que la educación no me había permitido preguntarme ni criticar. Adoptamos un espíritu crítico y aprendemos a juzgar humildemente y a corregir nuestros errores. Esa parte del aprendizaje es quizás una de las más relevantes en la educación de niños y adultos, y la que no debe acabar, incluso debe madurar, mejorar y continuar a lo largo de nuestra vida. Es ese modo de aprendizaje que históricamente se ha eliminado en la escuela y que, precisamente, más nos enriquece como personas.
 
   Observemos una orquesta, un equipo de fútbol, un equipo de teatro o un equipo de arquitectos. ¿Acaso tienen la misma edad? ¿Acaso provienen todos de la misma escuela o provienen del mismo país o ciudad? Y aún más, si tuvieran todos las mismas habilidades, conocimientos y experiencias, ¿sería entonces un equipo competente?
   
   Observemos una clase cualquiera: misma edad, mismo perfil - habitualmente, familiar y económico -, cercanía en la residencia. ¿Qué aprenden? A memorizar contenidos, hábitos de conducta y algún que otro procedimiento. ¿Dónde se da mayor énfasis? Los conceptos matemáticos o científicos son los más relevantes, los literarios resultan tediosos y sirven, a lo sumo, para aprender a leer y escribir con un mínimo de corrección, y las áreas artísticas son complementarias y voluntarias (¡por Dios! aún hay padres que siguen refiriéndose a ellos como asignaturas secundarias o "Marías"). ¿Cuál es el resultado? Todos los alumnos tienen los mismos conocimientos de base, algunos muy bien memorizados, otros perdidos en la memoria, la mayoría aborrecidos. El alumno aprende implícitamente que lo importante es retener contenidos, da igual cómo, y que lo relevante en el mercado de trabajo es retener un mayor porcentaje de contenidos y por encima de la media de la clase (algo que yo entiendo como "falsa competitividad"). ¿Qué mide la evaluación actualmente? La cantidad de contenidos que se conocen en un momento determinado del tiempo más la actitud durante el curso hacia el aprendizaje de los mismos.
 
 Respecto a lo anterior: ¿qué hay del aprendizaje no evidente? Aprender unos de otros, escuchar, criticar, opinar, discutir, discurrir, crear, contruir, destruir, exponer, defender, consultar, coordinar. Todas estas acciones las pensamos habitualmente en un único sentido, de maestro a alumno. Démosle la vuelta, de alumno a maestro, entre alumnos, entre maestros, en equipos multidisciplinares, en equipos de diferente edad, etnia o cultura. ¿Y qué aprendemos? Procesos, revoluciones, cambios, adaptaciones... El "cómo" resulta, entonces, más relevante que el "qué". Si sabemos y dominamos tareas como las descritas, es posible usar los contenidos en el lugar adecuado en el momento oportuno, ¿por haberlo memorizado? No necesariamente, simplemente, por haber aprendido qué necesitamos en cada momento.
Destacamos 
Análisis, búsqueda, selección, manipulación, transformación, cuestión, confirmación y respuesta. Con este proceso podemos dar respuesta a cualquier pregunta.
  
   ¿Y dónde aprender este proceso? En casa, en la escuela, en un equipo online, en un taller virtual o presencial, en una biblioteca, en un coffe shop, en una reunión de trabajo, en un equipo de alumnos... El lugar no es relevante si tenemos los medios necesarios y sabemos cómo actuar para encontrar respuestas. 

   Artículos de periódico, obras de teatro, pintura, escultura, una ecuación matemática, la observación del cosmos, un poema, una película, una disección animal... Cualquier material cotidiano es adecuado para trabajar procesos de aprendizaje.

¿Cambiamos el rol de la escuela?
 
"The ability to personally and collectively make sense and give meaning to life has become much more important at the end of the industrial era, where everything can mean anything and everyone can become anyone. Creating relevance is the major challenge".  From Learning choreography, Theiu Besselink, at ]]>Knowmad society]]>

 
  

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