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Artículo: Saber motivar

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Objetivos 
Reflexionar sobre la motivación para ir a clase desde el punto de vista de los alumnos, el profesorado y las madres y padres.
Material 
Libros y juegos

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Resumen 

Un buen profesor es aquel que no olvidó cuándo fue alumno: ¿sabemos motivar?

Opinión 
"La cuestión no es simple pero tampoco compleja, ni vamos a centrarnos ahora en asignaturas. Observo una desconexión generalizada en muchos aspectos de la motivación en el aula: desde el agrupamiento físico de alumnos, pasando por la presentación de los contenidos y tocando, cómo no, las estrategias de aplicación y metodología de tareas y actividades.

Pese a lo que probablemente muchos de los docentes puedan pensar o creer, incluso tras años de “experiencia de campo” en las aulas, nos encontramos con un panorama difícil de desmenuzar si no somos capaces de hacer crítica y análisis de la realidad docente de nuestro país en este preciso instante.

Existe desconexión entre el alumnado y los contenidos que deben trabajar. A menudo, las estrategias y metodologías dejan al alumnado “frío” ante muchas de las imposiciones de una “maquinaria” educativa que adolece de una inercia de difícil freno y resistente a la puesta en marcha de nuevas iniciativas.

Sobre la afirmación que encabeza esta disertación, por definirla de algún modo, quizá deberíamos darnos cuenta y reflexionar sobre si estamos actuando como docentes de la manera en la que hubiéramos querido: cómo impartir la clase, cómo presentar contenidos, cómo hacer comprender el estudio de dichos contenidos. Debemos preguntarnos si cumplimos estas preguntas más allá del afán académico o el cumplir con lo que dicen las instituciones oficiales y gubernamentales. Si bien no nos enfrentamos a una utopía, sí tenemos claro que la compleja realidad docente hace que muchas veces nos rindamos antes de empezar o que, más a menudo de lo que quisiéramos, nos resulte más “sencillo” seguir con la mecánica “básica”, repetir modelos, porque sabemos cuáles son y cómo funcionan. 

Lamento recordar que nuestra función no es solo cumplir con un currículum, sino proporcionar herramientas a los alumnos para que piensen y critiquen. Nuestra misión es formar personas críticas, con capacidad de análisis y, sobre todo, con responsabilidad frente a sus actos. Debemos dotarlos de conciencia social, humana y cultural frente a la realidad en la cual viven. De eso trata la docencia, sin más, pero sin menos.

De ahí que, para la relación con la sociedad, en su más amplio término, y para desarrollarse como personas, que no solo como individuos o ciudadanos, sean necesarias una serie de mecánicas básicas, vamos a llamarlas asignaturas. Estas contribuyen en mayor o menor medida consciente al desarrollo del “estudiante” para que se incorpore tras sus estudios, de manera eficaz y eficiente, a la sociedad de manera coherente con su realidad actual. Fácil, ¿verdad? Todas las asignaturas contribuyen a ello.  

Bien, pues todo eso es la base de una de las batallas más habituales a las que nos enfrentamos y que, en muchas ocasiones, desatendemos: la motivación.

En ocasiones esperamos que nuestros alumnos desarrollen y posean una atención y predisposición intrínseca y generada espontáneamente hacia aquello que se les “enseña”. Así, sin más. Creemos y deseamos que después de 3 ó 5 años de carrera universitaria nuestros alumnos posean la “pasión” que nosotros hemos puesto en sacarnos una carrera. Porque, claro, si a nosotros nos parece importante, ¿cómo no se lo va a parecer a ellos? Pues, sencillamente, no tienen ni idea. Sin más. La asignatura pendiente básica que existe ahora mismo en un amplio sector educativo es la motivación, no solo la de dar clase (que falla en muchas ocasiones) sino la de mostrar que aquello que queremos comunicar sirve para algo. Sí, así de claro. Ahora mismo, durante la etapa de enseñanza obligatoria, debemos conectar los conocimientos y áreas de estudio con la vida real. Y debemos mostrar la importancia y transferencia en acciones reales y contrastadas en “mundo real”. ¿Qué conexión existe entre lo que estudio y lo que me espera ahí fuera? ¿Cómo conducir mis estudios y áreas actuales de aprendizaje con el futuro mercado de trabajo? Hay una desconexión entre lo académico y lo cotidiano en las distintas fases del aprendizaje a medida que subimos en la escalera educativa, cuando convendría que se acercaran cada vez más hasta que, al final, universidad/formación profesional y empresa confluyeran en un nexo común, que es el mercado de trabajo en un futuro inmediato.




En los primeros estadios de la educación, durante la etapa infantil, el objetivo es fomentar una serie de hábitos y rutinas para preparar los aprendizajes posteriores. No debemos menospreciar la importancia de la asamblea como lugar de reunión y expresión, las rutinas, los delegados o el trabajo en equipo. Eso es una extensión importantísima de las primeras bases educativas y de comportamiento y conducta. La educación primaria continúa con las mecánicas de escritura y lectura – esto es el modo de relación y comunicación - y la adquisición de los primeros conocimientos académicos de base: conocimiento del medio, matemáticas, lenguas y sus diversas capas. Aquí es importante la exploración de límites y normas para la correcta relación social. En este sentido, contribuyen positivamente la educación física y la música, por su impagable contribución a la ortografía y acentuación, pues es la única asignatura donde realmente puede estudiarse en profundidad conceptos tales como “acento”, “silencio”, “tono” o “tempo”, entre otros. 

Al llegar al instituto, estas asignaturas adquieren una variante más enfocada a la profundización y desarrollo de estas citadas mecánicas y habilidades, adaptándose de pleno a las capacidades individuales y a la resolución de problemas pero desde un punto de vista madurativo y evolutivo a nivel personal, escolar y social completamente diferentes.

El academicismo ocupa las horas y el acumular conocimientos se convierte en un objetivo por sí mismo, especialmente durante la adolescencia. Eso es algo que deberíamos cambiar o, al menos, pensar. Al finalizar nuestra enseñanza obligatoria, ¿hemos aprendido lo básico para empezar a dar unos primeros pasos en sociedad? ¿Podemos enfrentarnos a ese aspecto de la realidad que nos rodea y es asequible? ¿Tenemos las herramientas? ¿Tenemos pasión por algo y podemos darnos cuenta de nuestras fortalezas y limitaciones?, y ¿qué debemos hacer para poder desarrollar lo que llevamos dentro, sea “eso” lo que sea? Porque recordemos que eso es lo que quiere la educación, desarrollar las personas hacia sí misma. Nuestra labor como docentes es la de MOTIVAR, darles el valor a cada uno, que no todos “sirven” para lo mismo, pero TODOS SIRVEN para algo, TODOS. No atender a esa premisa hace que nuestra labor docente no funcione. Muchos pensarán “faltan recursos”, “no tenemos tiempo”, “no sabemos”… Lamento discrepar. Sí tenemos todo eso. Para eso nos hicimos docentes, nadie nos obligó. El compromiso es transmitir, apasionar, hacer que piensen, demostrar que todos aprendemos, valemos y sabemos algo si hacemos un esfuerzo. Si nos olvidamos de ello, si nos desconectamos de lo que nos hizo querer ser docentes, no podremos dar, conectar, encender la chispa que anida en cada uno de nuestros alumnos.

No hay una varita mágica, ni una solución única para esta situación, no. Simplemente debemos recordar qué nos hizo querer ser docentes, si lo que nos  hizo encaminar nuestros pasos hacia las aulas era querer sacar lo mejor de nosotros para que otros lo consigan. Si es así, sabremos recordar, imaginar y actuar en consecuencia. 

Por todo ello, es conveniente abrir los ojos y mirar, ver y reaccionar ante lo que se pretende, lo que se hace y lo que se consigue. Más allá de utopías varias, tenemos en cuenta que se hace lo que se puede, pero se puede hacer un cambio de mentalidad y se debe adaptar el momento de acción docente a la realidad del alumnado. “Los ganadores tienen un plan, los perdedores tienen una excusa”. Tenemos en nuestras manos a futuros ganadores, ayudémosles a que puedan tener su plan, a idearlo, estructurarlo, organizarlo y ejecutarlo".

Óscar Recio Coll.

Responsable Equipo Docente LCLB.
Destacamos 
Esta reflexión ha sido realizada tras un debate interno del equipo docente Los Cuentos De Bastian acerca de la motivación en el aula. De primera mano, nuestros maestros han vivido la situación de cómo motivar a su alumnado. A partir de esa experiencia real, nos damos cuenta que no es solo una cuestión de los alumnos, sino del maestro y lo que él/ella pueda aportar.

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