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Mis experiencias con el abuelo

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Resum 
Las experiencias con los abuelos construyen pedacitos de memoria que conservamos para siempre.
Opinió 
Tuve una infancia sin abuelos, ellos. Ya estaban lejos de nuestro mundo, cuando yo nací, así que mis experiencias con el abuelo han sido a través de la observación de los que son y han sido abuelos de otros. Con ojos de otros nietos y nietas he comprobado qué significa tener abuelo.
Txapela-La-Topera-Editorial-LosCuentosdeBastian
He visto a un nieto de seis años discutiendo con su abuelo, pues había dejado de creer en la fantasía.
He reído con un abuelo que con más de setenta años se tiraba al suelo para hacer croquetas con su pequeña nieta.
He sonreído con un abuelo que ha animado a su nieto en la poesía de la música, acercándole las palabras de la guitarra.
He escuchado a un abuelo repetir cientos de veces, ¿qué dices, que no te oigo?
Escena-Dondehaidoelabuelo-LaToperaEditorial-LosCuentosdeBastian
He conocido a un abuelo que, de repente, un día, cambió la mirada, perdiéndose en el limbo de los recuerdos. Ese abuelo, ese, es el que más me llegó al corazón, pues por más que trataba de recordar, su única arma era inventar. El nieto, gran observador, había percibido aquella voluntad obligada de sustituir el recuerdo por la fantasía, como arma para seguir adelante. Aquel nieto, aunque no tenía más de nueve años, tomó una decisión de valor incalculable: seguir a su lado, fantaseando para dar conversación, fantaseando para provocar sonrisas, fantaseando para devolver ilusión a su abuelo. Lo que más me fascinó es que el nieto lo decidió de modo instintivo y en contra de lo que otros familiares adultos le decían una y otra vez: el abuelo ya no sabe lo que dice. Él creía en el abuelo y estaba convencido de que las palabras que pronunciaba no eran un sinsentido. Aquel nieto comprendía el mundo en el que vivía el abuelo, ese mundo en el que los sueños se mezclan con la realidad, creando un día a día que la razón es capaz de asumir, cansada de la absurdidad de nuestra cerrazón en lo tangible. ¡Y somos tan osados que nos llamamos cuerdos! Aquel nieto comprendía a su abuelo y decidió libremente, seguir conversando, seguir avanzando.
Esa experiencia me permitió comprobar la magia de las relaciones entre abuelos y nietos. Los mayores orientan, mientras los pequeños se adaptan. Ambos son libres de escoger la compañía mutua. Y son felices por ello, al margen de lo que digan los demás.
Adoro la inocencia infantil, porque no juzga en pos de la razón, sino que mira y actúa a través del impulso de la ilusión imaginaria. Así crecemos y nos formamos, con esa pequeña gran capacidad que yo llamo MAGIA.
 
Destaquem 
Me veo obligada a mencionar un título: ¿Dónde ha ido el abuelo? Porque plasma con exactitud aquel espíritu y esa actitud a la que me refiero en este artículo.
Observar experiencias me permite desplegar mi creatividad. En esta ocasión, con un sencillo gesto que fomenta la relación entre abuelos y nietos en pos de la memoria y sus recuerdos. Clica en esta imagen y lo comprobarás.
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Agradecemos a La Topera Editorial las imágenes cedidas.