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El cultivo de la ilusión

Un artículo de repercusión social

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Resumen 
Hablemos de responsabilidad social y su relación directa con la ilusión.
Opinión 
Vivimos en una vorágine de acontecimientos difíciles de absorber. Tiempos muy cortos, noticias de índole negativa, obsesión por los resultados cuantitativos, degradación de valores y violencia gratuita, es el panorama que nos brinda la televisión y las redes. 
- Parece una visión muy negativa – me diréis -.
- Sí, lo parece, pero, por suerte, no nos roban la ilusión.

¿Cómo transmitimos pasión y positivismo? Cultivando la ilusión. Pensemos en una terapia de choque: si destacamos el valor de la amistad, del esfuerzo y la constancia y le añadimos el análisis del impacto positivo en la sociedad, convertimos la negatividad en cosecha de emociones. Probablemente es la razón por la que están empezando a cuajar conceptos como la responsabilidad social y la economía colaborativa. Vale la pena entenderlos como movimientos a favor de la igualdad y prosperidad emocional e intelectual.

En nuestra casa no escondemos las noticias a nuestros hijos. Sin embargo, nos preocupamos por discutirlas y obtener conclusiones que favorecen la empatía – siempre uso esta preciosa palabra -. Para contrarrestar la negatividad y dar solidez a los argumentos que la rebaten nos basamos en la magia. No en hacer salir conejos de la chistera, sino en promover chispas que mueven a la ilusión y el saber hacer. Esa chispa, es mágica no por obrar milagros, sino por cómo motivan.
Nuestras mesas están repletas de libros, álbumes ilustrados y dispositivos electrónicos. Es de su elección en qué momento utilizan uno u otro, pero siempre estamos dispuestos a conversar. El diálogo es un gran motor de encuentro entre personas y está en nuestras manos, como educadores, promoverlo entre pequeños y jóvenes. Que nuestra experiencia personal sirva para enseñar cómo detectar lo positivo de cada situación. De todo aprendemos y esa experiencia debe ser compartida.
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Recientemente estaba leyendo El planeta de la cajita de música, álbum ilustrado de Akihiro Nishino, y me encantó compartir momentos de reflexión. Lo que hemos construido en estos siglos debe ser valorado en positivo, para mejorar un poco cada día. Eso es posible si conversamos.
Cada película que vemos, nos mueve a buscar una referencia bibliográfica. Ese juego de conexiones son pequeñas chispas que mueven el diálogo, la observación y el encuentro de nuevas experiencias. Son semillas de ilusión para aprender y compartir.
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Recibí recientemente la segunda parte del libro de Madeleine L’Engle, Una arruga en el tiempo. Y volvimos a conversar acerca del misterio de la vida y la dimensión emocional. La palabra misterio es un gran motor que mueve a niños y jóvenes a querer observar, conversar y descubrir. Otra semilla de ilusión para aprender y compartir.

Todo lo que hacemos cada día es motivo de conversación, porque al compartir las palabras creamos momentos mágicos que devienen en experiencias positivas de crecimiento. Algo tan simple como contarles cómo me ha ido el día, con lo bueno y lo malo, les motiva para contarme de vuelta sus experiencias. De este modo, al analizarlas se comprenden mejor. Y volvemos al juego de conexiones, encontrando un libro, un álbum, una película o un juego – electrónico o de mesa – que nos hace discurrir entre las conexiones vitales. Así, aprendemos que cada acción personal tiene repercusión social.

¿Por qué insisto en la ilusión? Porque es imprescindible para educar en la coherencia. Porque me gusta sembrar pedacitos de magia. Porque me apasiona hacer discurrir a las mentes pequeñas y jóvenes. Porque con las conversaciones, creo cada día en las personas que me rodean.
La responsabilidad social está en todo lo que hacemos cada día, incluidos esos momentos de conversación y experiencias compartidas.

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