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Las canas de la sabiduría

Artículo: El papel del generador de ilusión

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Resumen 
En este artículo os relato mis inquietudes acerca de la edad que tenemos y las canas que aparecen.
Opinión 
Esta mañana me he encontrado con unas conocidas a quien aprecio mucho y me han dicho, gratuitamente: "Hoy te veo más joven". Rápidamente he visualizado mi pinta de hoy. Me he visto en el espejo de mi retina, con muestras del calor sofocante del verano, vestida en modo "vengo de dejar a los niños, ayudar a mi madre y cerrar un acuerdo con cliente" (¡quién encuentra un atuendo para cumplir todos esos propósitos!), arrugas alrededor de los ojos y canas, muchas canas. Esa imagen se ha ido haciendo pequeña, hasta desaparecer y volver a ver a las chicas que tenía delante charlando conmigo. Al despedirlas, he seguido andando por la calle, cabizbaja y con cierto pesar. Y mi mente me rumoreaba un pensamiento acerca de ese piropo que me han dicho hoy. No estaba del todo contenta. Y no es porque dudara si es un cumplido, sino porque no lo espero. No quiero parecer más joven. No es mi objetivo ni mi ilusión.
 
Me gustan mis canas y me siento cómoda con arrugas alrededor de los ojos.
Cuando era pequeña, deseaba ser mayor, tan mayor como mis hermanos, para conocer todo lo que ellos conocían. Cuando fui joven, deseé tener libertad y una vida propia, tan propia como la de mis padres, para acumular toda la experiencia posible, como la suya, y tomar mis propias decisiones. Ahora que soy tan mayor como lo eran mis padres entonces, me siento a gusto. Estoy exactamente donde quería estar.
 
Me gustan mis canas y me siento cómoda con arrugas alrededor de los ojos. Cuando veo la televisión (doy gracias por tener otros entretenimientos como para limitar el tiempo de exposición a los absurdos spots comerciales), critico constantemente la publicidad. Nunca, repito, nunca, hay un anuncio donde salgan abuelos o abuelas que no sea para anunciar un plan de jubilación o productos para la incontinencia. Si esos anuncios los protagonizan padres - o especialmente madres (ojo, al dato) - se muestran jóvenes y vigorosos, para anunciar productos con fibra (o sea, laxantes), coches (de obligada compra porque lo dice el niño), más planes de jubilación (para lo que se avecina), vacaciones en el mar o productos de belleza. Su semblante es joven, muy joven. Y se mueven como personas extrañamente ligeras y llenas de energía. Y no me siento identificada. Porque yo no me siento joven. Y la connotación, lejos de ser negativa, muestra mi agrado por esta edad de asentamiento en la que me encuentro ahora.
 
Momo-Michael-Ende-LosCuentosdeBastianMe gustan mis canas y me siento cómoda con arrugas alrededor de los ojos. Ya me pasó la edad de identificarme con personajes jóvenes. Ahora he alcanzado ESE momento y mis canas y primeras arrugas lo demuestran. En casa me contaron muchos cuentos y leí muchos libros. Me identifiqué con Bastian, con la Revoltosa del colegio, con Esther, con Hermione (que me llegó tarde), el Señor Frodo o Hans Thomas, el protagonista en El misterio del solitario. En mi hogar actual, con mi familia, sigo leyendo mucha literatura infantil y juvenil. Pero ahora puedo alcanzar lo que anhelaba de pequeña y de joven, identificarme con los mayores. Y afirmaría que es, precisamente, por esa razón, por la que me siguen entusiasmando esas lecturas. Porque ahora ya puedo ser como ellos, como los mayores. Gandalf, Mamá Oca, Dumbledore, Aslan, la vieja Morla, la abuelita de Caperucita e incluso mi querido Momo (que no se engañen, no es una niña, sino la representación simbólica de la templanza), son esos mayores con quien ya me quería identificar, cuando llegara el momento. Y ahora puedo hacerlo. Les admiraba por su sabiduría, por su elegancia, su saber hacer, su transparencia, su serenidad. Estaban repletos de magia, que no era otra cosa, que su portentosa capacidad de transmitir ilusión. Yo quería ser así y me he entrenado para ello. Me sigo entrenando todos los días y cada vez que comparto un libro con mis hijos y con otros niños, niñas y jóvenes. Despertar una luz, introducir un gusanillo, mostrar una sonrisa pilla, susurrar unas letras al oído que digan: ten fe, ten fe, como el gran Ombric Shalazar, de Los Guardianes de la Infancia. Animar al Señor Frodo a cruzar los límites de la Tierra Media para completar un reto, liberándose del miedo al fracaso. Dar alas a Harry Potter para desplegar su magia y vencer el acoso. Guiar a Caperucita por ese bosque y saber cuál es su lobo. Todas esas tareas las hacen los mayores y su semblante muestra canas, muchas canas y arrugas por todo el cuerpo. Y transmiten confianza, seguridad y valor. En El Mago de Oz, el gran mago se escondía tras un holograma de poder y grandeza, pero no fue feliz hasta que se mostró con su apariencia real y comprendió que su grandeza residía en la gran ilusión que transmitía a los habitantes de Oz.



Morla-Historia-Interminable-Michael-Ende-LosCuentosdeBastianMe gustan mis canas y me siento cómoda con arrugas alrededor de los ojos, porque ha llegado ese momento que esperaba. Ha llegado el momento de desplegar ese arte de contagiar ilusión a los que vienen detrás y a mis semejantes. Ya soy madre, ya soy mayor, ya no tengo miedo a nada más que proteger a mis hijos. Y su confianza en nuestro itinerario lector me da mayor capacidad para sembrar granitos de ilusión en muchos otros niños y jóvenes, con una cita, un juego, un reto, una lectura compartida o un título misterioso. Ya tengo canas y arrugas para poder ser quien soy y sentirme orgullosa de ello. En este camino y en este momento, leo para observar a esos personajes mayores y adoptar detalles de cada uno de ellos que amplíe mi bienestar intelectual, emocional y espiritual (que no es mi encuentro con Dios, sino con mi dios particular, llamado libertad). Es ahora, cuando salen esas primeras canas y arrugas, cuando confirmo mi confianza en mí misma y soy feliz porque es el inicio de esa etapa. Impregnarme de esa misma ilusión, me da la energía propia que corresponde a esta edad y soy consciente de que es el inicio de una larga etapa, que debo exprimir al máximo. Espero en este camino encontrar muchos más padres, madres, maestros y maestras que me muestren sus canas y arrugas de sabiduría y valor, para trabajar juntos en granitos de ilusión. 
Y tú, ¿tienes canas o las escondes?
 
Destacamos 
Descubre esas lecturas mal llamadas "de niños" y empieza a leer. Porque encontrarás un personaje que te identifica. Y no es un niño.

"Incluso llegaron horas en que deseaba no haber oído nunca la música ni haber visto los colores. No obstante, si la hubiesen dado a elegir, no habría renunciado a ese recuerdo por nada del mundo. Aunque se hubiera muerto por ello. Pues eso era lo que vivía ahora: que hay riquezas que lo matan a uno si no puede compartirlas". Momo, de Michael Ende.

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