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Lecturas: Inconvenientes de ser diminuto

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Resumen 

Recuperando clásicos.
 
Ha llegado el momento de recuperar historias clásicos que aún hoy en día siguen teniendo vigencia como las aventuras de Gulliver.


Opinión 

“Mi vida en aquel país habría sido sobradamente feliz si mi pequeñez no me hubiera deparado varios accidentes ridículos y engorrosos, alguno de los cuales me permitiré relatar. Glumdalclitch [nombre de la cuidadora de Gulliver en Brobdingnag, país de gigantes] me llevaba a menudo a los jardines de la Corte dentro de la caja pequeña, y a veces me sacaba y me tenía en la mano o me ponía en el suelo para que paseara. Recuerdo que el enano, antes de dejar a la Reina, nos siguió un día a aquellos jardines y, después de que mi niñera me hubiera puesto en el suelo y como nos encontráramos uno cerca del otro junto a unos manzanos enanos, no pude evitar mostrar mi ingenio haciendo una tonta alusión a él y a los árboles, que por casualidad tenía sentido en su idioma como lo tiene en el nuestro. A esto el malintencionado bellaco, que vio la ocasión, dio un meneo a uno de ellos justamente según pasaba yo por debajo y una docena de manzanas, casi como un tonel de Bristol cada una, se me vinieron encima rozándome las orejas; una de ellas me dio en la espalda al agacharme casualmente y me tiró de bruces, pero aparte de eso no recibí otro daño y a mis ruegos el enano fue perdonado, pues yo lo había provocado.

      Otro día Glumdalclitch me dejó en un cuadro de césped suave para que me esparciera mientras ella paseaba a cierta distancia con el aya. En el interín cayó de golpe una granizada tan violenta que me tiró al suelo en el acto y, mientras estaba caído, las piedras aquellas me dieron golpes tan crueles por todo el cuerpo como si me tiraran con bolas de tenis; no obstante conseguí arrastrarme a cuatro patas y hallar cobijo tendiéndome boca abajo al socaire de un arriate de tomillo-limón, pero quedé tan magullado de pies a cabeza que no pude salir de casa en diez días. (…)

      Pero en el mismo jardín me ocurrió un accidente más peligroso una vez que mi niñerita, creyendo que me dejaba en lugar seguro, como a menudo le rogaba que hiciera para poder solazarme con mis pensamientos, y habiendo dejado en casa mi caja para evitarle la molestia de andar con ella, se fue a otra parte de los jardines con el aya y algunas damas de su conocimiento. Mientras me hallaba alejado y fuera del alcance de la voz, un perrito de aguas blanco de uno de los maestros jardineros, que accidentalmente había entrado en el jardín, vagaba por acaso cerca del lugar donde yo estaba. Siguiendo el rastro, el chucho se vino a mí derecho y, cogiéndome en la boca, echó a correr hacia su amo meneando la cola, y me depositó despacito en el suelo. Por suerte estaba tan bien amaestrado que me llevó entre los dientes sin hacerme el más mínimo daño, incluso sin rasgarme la ropa. Pero el pobre jardinero, que me conocía bien y me tenía mucho cariño, se asustó terriblemente. Me tomó delicadamente con las dos manos y me preguntó cómo me encontraba, pero yo estaba tan estupefacto y sin aliento que no pude articular palabra. En unos minutos volví en mí y me llevó indemne a mi niñerita, que para entonces había vuelto al lugar donde me había dejado y se sentía atrozmente angustiada porque yo no aparecía ni respondía a sus llamadas; al jardinero lo reprendió severamente a cuenta del perro. Pero la cosa se mantuvo en secreto y nunca se supo en la Corte, pues la muchacha temía las iras de la Reina y, en cuanto a mí, sinceramente pensaba que no sería en pro de mi reputación que tal cuento anduviera de boca en boca.”
[Cap 5, 2ª parte, Viaje a Brobdingnag. Diversas peripecias que le sucedieron al autor]


¿IMAGINAS QUE TU FUERAS TAN PEQUEÑO? INVENTANDO HISTORIAS…


Referencia:
Los viajes de gulliver
Jonathan Swift. Ilustraciones de Milo Winter
1a edición noviembre 2001
Edhasa, 2001
ISBN 978-84-350-4008-9
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